Una cosa es equivocarte en algo y otra muy distinta ser un fracasado. Esto último denota una actitud derrotista, propia de quien entiende los errores como enemigos en lugar de oportunidades para aprender y seguir avanzando. ¿Estás tú entre ellos?

Superar los contratiempos para surgir fortalecidos de ellos. No se trata de aguantar el sufrimiento sin rechistar, o de tomar una postura de víctima, sino de resistir y renacer. Tampoco consiste en ser invulnerable o indiferente frente a la vida, sino que se relaciona con el poder de “rebotar” y recuperarse para sortear los fracasos y transformarse gracias a esas experiencias.

A nadie le gusta equivocarse, pero la naturaleza del ser humano es imperfecta, y todos, absolutamente todos, cometemos fallos. Por eso no tiene sentido que te sientas un verdadero desastre cada vez que algo no te sale como esperabas.

Es cierto que es difícil entender que cada fracaso puede traer una magnífica oportunidad para triunfar, pero es tal cual: emprendes algo y fracasas, pero con voluntad y esfuerzo insistes, y entonces se te abre una nueva oportunidad para alcanzar lo que deseas.

¿Cuál es la clave? Tu propia perspectiva; es decir, ver el fracaso como un enemigo te llevará a la inactividad, al bloqueo, a la ansiedad, sin embargo, si lo ves como algo de lo que puedes extraer una enseñanza, entonces te ayudará a seguir intentándolo.

Es lógico que cuando emprendes un nuevo negocio, inviertes dinero en alguna compra importante, empiezas los estudios universitarios o te casas, desees que salga bien, que el éxito sea total. Pero no siempre es así. Y es importante estar preparado para cuando vengan las dificultades, para estar atento a lo que vas a hacer para afrontarlas y a cómo te vas a sentir.

Si, ante el primer fracaso, te consideras lo peor, sintiéndote culpable y convirtiéndote así en tu propio enemigo, estarás creando un clima interno en el que es difícil que pueda prosperar algo exitoso. Si crees que porque una vez dejaste un trabajo prometedor o porque te despidieron, lo que te mereces es el castigo de anclarte a esa experiencia, seguirás repitiendo situaciones que confirman eso que piensas: que eres un fracasado.

aprender-de-los-erroresNadie es perfecto, ¡Ni tú tampoco!

Lo primero que tienes que darte cuenta y empezar a asumir es que nadie es perfecto. Si te equivocas en alguna tarea, o tomas una decisión que después no resulta acertada, piensa que fue lo mejor que en ese momento pudiste hacer con las capacidades o recursos con que contabas en aquella oportunidad.

Puede que hoy veas las cosas de otro modo y te arrepientas de haber obrado como lo hiciste, porque has madurado o tu situación ha cambiado, pero lo peor que puedes hacer es sentirte culpable y castigarte con nuevos fracasos.

En vez de eso, quiérete y cuida de ti. Acepta de una vez por todas que, al ser humano, se nos permite equivocarnos.


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