Aprende a reconocer cómo saber si tienes anemia

La anemia no es más que la disminución de hemoglobina en la sangre. Dicha hemoglobina está presente en los glóbulos rojos y es la encargada de transportar oxígeno a los tejidos corporales y eliminar el dióxido de carbono.

Cuando los niveles están por debajo de los estándares, es cuando se diagnostica la enfermedad; esto puede ocurrir, aun cuando haya producción normal de glóbulos rojos.

Es un padecimiento común en las personas, en especial si su dieta es baja en hierro; sin embargo, la mayoría de las personas no es capaz de reconocer si sufre de anemia o no. Por esta razón y en vista de lo peligroso que puede resultar, hemos traído tres maneras de determinar si tienes anemia. Veamos,

¿Cómo saber si tienes anemia?

Lista de síntomas

Por lo general, la anemia se exterioriza a partir de diversos síntomas perceptibles que en combinación sirven de guía para realizar un diagnóstico exacto. Por ejemplo:

  • Sensación de cansancio o fatiga, aun cuando se haya llevado a cabo poca actividad física durante el día.
  • Palidez en el rostro, producida por la disminución de glóbulos rojos y el cierre de vasos sanguíneos a causa de la anemia.
  • Dificultad para concentrarse en la realización de tareas comunes y sencillas.
  • Reducción de masa corporal, generando a su vez una notable pérdida de peso.
  • Problemas para conciliar el sueño.
  • Fuertes palpitaciones, asfixia y taquicardia.
  • Frecuente dolor en los músculos y articulaciones.
  • Descontrol hormonal; en el caso de las mujeres, irregularidad en la menstruación o poco fluido.
  • Cefaleas constantes, visión borrosa, mareo, vértigo, e incluso desmayos.
  • Alteración en el sistema digestivo, causando inflamaciones.
  • Y problemas generalizados en órganos vitales como los riñones.

Cabe destacar que la aparición de síntomas varía de paciente a paciente; no obstante, si nota que manifiesta en forma recurrente tres o más de las señales antes mencionadas, deberá acudir a su médico de cabecera de inmediato, de manera que pueda realizar un análisis acertado y proveer el tratamiento pertinente a fin de eliminar la anemia con la mayor prontitud posible.

Mediante la apariencia de los ojos

La hemoglobina es la encargada de proveer el característico color rojo a la sangre, por ello sucede que, al disminuir considerablemente la producción de este componente, la piel se torna pálida o amarillenta al igual que el interior de los párpados.

Así que para determinar rápidamente si se padece o no de anemia, hemos de colocarnos frente al espejo, poner el dedo índice debajo del ojo, tirar hacia abajo y descubrir el interior del párpado; si este es pálido o de un color muy tenue, es señal de que podemos tener anemia.

Ahora bien, esto no quiere decir que este simple examen bastará para obtener un diagnóstico acertado, pues nada sustituye al examen de sangre que arrojará los niveles reales que presenta nuestro torrente sanguíneo.

Valores en análisis de sangre

Evaluar los síntomas y mirar nuestro ojo puede servir de alerta temprana de que algo no está funcionando bien en nuestro organismo, pero siempre será imprescindible pedir la ayuda de un profesional de la salud para llevar a cabo las recomendaciones necesarias, que nos permitirán atacar el problema de raíz y recuperar la salud rápidamente.

Dicho profesional, nos pedirá que nos realicemos un análisis de sangre a fin de conocer cuanta hemoglobina producimos y los comparará con los rangos normales según el sexo. A saber:

  • Mujeres: de 4 a 5,2 millones/mm³ de hematíes.
  • Hombres: de 4,5 a 5,9 millones/mm³ de hematíes.

Por lo tanto, si el examen revela que la cantidad de hematíes es menor a lo establecido, efectivamente padeces anemia.

Sin embargo, hay ocasiones en que incluso los niveles no demuestran ninguna anomalía. Para estos casos, es necesario un examen rutinario para evaluar los valores de hierro y estudiar su historial médico; todo con el objetivo de percibir si hay alteraciones sanguíneas y posibles causas.

Cómo contrarrestar la anemia

Existen diversos tipos de anemia, pero el más común es producto por la deficiencia de hierro. Para compensar dicha insuficiencia bastará con mejorar nuestra dieta y nutrición al consumir de forma regular alimentos ricos en hierro; tales como espinaca, acelgas, lentejas, garbanzos carnes rojas, hígado, mariscos, salmón, trucha, frutos secos y cereales.

También resultan útiles incluir suplementos o medicamentos que permitan incrementar los niveles de hierro y vitamina.

Por otro lado, cuando el tipo de anemia se debe a una complicación más severa, lo más ideal es tratar los problemas con los procesos pertinentes para cada patología; a saber, transfusiones de sangre, cirugía, trasplante de médula, entre otros.


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