Características del síndrome de Kleine Levin

El síndrome de Kleine Levin fue descrito por primera vez por los especialistas en neurología del sueño y sus trastornos, los doctores  Arnulf, Lecendreux, Franco y Dauvilliers. El síndrome es una rara afección neurológica que es atendida también por psiquiatras, por presentar múltiples trastornos cognitivos, psicóticos y alucinantes. De sus orígenes se conoce muy poco, qué lo causa tampoco se sabe, pero es conocido por el nombre del síndrome de “la bella durmiente”

Se han descrito algunas coincidencias en casos del síndrome de Kleine Levin en condiciones como autismo, epilepsia o haber sido prematuro al nacer, pero estas coincidencias no se han podido correlacionar aún. Sólo se conocen las características más importantes y los signos de presentar el síndrome.

Este extraño síndrome afecta a 1 o 2 personas por millón, lo que quiere decir que el diagnóstico diferencial, o de padecer otras enfermedades similares, es también muy posible, es el caso de un conocido trastorno del sueño de origen neurológico llamado narcolepsia.

Características, signos y síntomas de síndrome de Kleine Levin

La somnolencia y el sueño prolongado son las principales características del síndrome de Kleine Levin, en el que ocurren episodios de sueño, duraderos o no. Una persona con este síndrome  puede estar durmiendo de 12 a 24 horas, sin tener narcolepsia. El tipo de sueño que se obtiene padeciendo este síndrome es de mala calidad o no reparador, y la persona puede manifestar tener el sueño pesado o desagradable, porque tiene episodios de pesadillas, o sensaciones de estar despierto alucinando.

La mayoría de las personas que sufren el síndrome de Kleine Levin, acuden al especialista por padecer sintomatología de episodios agudos que ocurren durante meses, debido a que no se les diagnostica correctamente, dada la cantidad de síntomas que pueden confundir el diagnóstico con trastornos psicóticos. De modo que hay que realizar pruebas adicionales neurológicas, para el diagnóstico definitivo.

El desequilibrio cognitivo, es una de las características que también se observan como importantes, por la pérdida continua de la noción de la realidad, pérdida de la memoria y episodios psicóticos, neurosis y trastornos de ansiedad de múltiples manifestaciones. También se han descrito desórdenes temporales y espaciales. No se registra ningún tipo de alteración motora en los casos descritos para este trastorno.

Los episodios psicóticos son también descriptores de este síndrome, entre los que pueden detallarse: irritabilidad, tendencias suicidas, cefaleas, fiebres y nauseas; además de fotofobia, ansiedad al comer y desinhibición sexual.

La conducta agresiva está descrita para este síndrome como una característica determinante, ya que quienes lo presentan mantienen agresividad hacia las personas y en general para todas las situaciones de la vida. Lenguaje y acciones hiperagresivas e impulsivas, irritabilidad e inestabilidad o cierta labilidad emocional.

Se manifiesta dificultad para distinguir el sueño de la realidad; cuando una persona con el síndrome sufre un episodio y está despierto, se encuentra en un estado infantil o desconectado con la realidad, debido a que no puede saber si está soñando o está transcurriendo su tiempo despierto. La dificultad consiste en que las ondas alfa del sueño están alteradas, y el cerebro no tiene señal clara ni puede diferenciar si aún duerme o está despierto.

En episodios agudos y largos, la persona requiere cuidados especiales, ya que no puede estar en estado de lucidez y simplemente se comporta de forma infantil, agresiva, irritable o desvariando; por lo que requiere vigilancia durante los estados en los que inconscientemente está despierto.

Durante los periodos en los que no se está con episodios del síndrome, la persona es capaz de hacer normalmente sus actividades, o algunas actividades para mejorar la calidad de vida. La calidad de vida de estas personas es realmente deficiente, porque el tiempo productivo es muy reducido. No existe aún un tratamiento para este raro síndrome y se ve limitado al uso de fármacos para controlar la agresividad o los cambios repentinos de conducta.


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